En la quietud de la noche susurrante,
nuestros deseos se alzan como estrellas fugaces.
Buscamos más en un cielo distante,
pero el querer no basta, son solo anhelos tenaces.
Nuestros sueños se forjan en la fragua del deseo,
más allá de la razón, en un reino etéreo.
Pero no por desear más alcanzamos lo ansiado,
quedamos atrapados en un lazo imaginado.
El corazón late con fervor y esperanza,
cada latido una promesa, un querer infinito.
Pero la vida nos recuerda con su danza,
que querer más no basta, es solo un grito.
Así, seguimos, soñando y anhelando,
perdiéndonos en el eco de nuestro propio querer.
Pero al final, es la acción la que va forjando,
los senderos del destino que debemos recorrer.
-Saiko